Jamás nadie secó mi espalda de cartón, ahora buscas los estados que astillan mi razón.
  • (Source: Spotify)

  • La cínica oxitocina post helena

    Amar quedóse obsoleto.

    Cínicos besos bajo un cielo contaminado;

    cuán fría y distante puede la pasión.

    Robotizamos nuestros sentimientos

    a través de inertes pantallas con conexión wi-fi.

    Olvidamos los furtivos “te quieros”

    rompedores del silencio,

    Amar es ley de vida y con tanta racionalidad

    olvidamos lo que los xoques de oxcitocina

    producen en nuestros cerebros.

    Almas errantes y baratas,

    vulgares copias unas de las otras.

    Pecáis de cínicos inertes.

    Dejen el amor a los helenos.

  • La elegística colección otoñal de las congestionadas fosas nasales de Vogue

    Vuelven las tenues mañanas de cafés al sol, los cigarrillos apagados por la lluvia y el olor a perro mojado. Fríos equinoccios sentados en el balancín viendo las horas pasar entre sollozos y rímel corrido desparramándose por unas mejillas sonrosadas. Ya es otoño y la firmeza de nuestros pasos al andar se ve envuelta por el suave vaivén de las hojas al caer; tan mágico, tan bello que incluso a un autista harían estremecer.

    El viento y la lluvia actúan como la triste balada de trompeta que da vida, y se la quita, a un vasto y vulgar drama ammateur del que somos protagonistas.

    Calcetines altos y botas negras de cordones pisotean las mojadas hojas del bulevar que entre las colillas arrojadas por un viejo cascarrabias al pasar sirven de alfombra a los descalzos pies de un vagabundo. Pañuelos y cigarrillos avivan los múltiples expresos, excesos de cafeína, que, sorbito a sorbito, llenan el profundo vacío de hombres y mujeres silenciosamente sentados en la terraza de un bar. Ellos, junto a las enormes estufas de gas, sorben sonoramente los millones de átomos de café con leche y canela mientras anhelan el contacto social que la lana les impide.

    Hoy las palomas juegan a ser burlesco dioses helenos, sobre los infinitos cables eléctricos que tras cada crepúsculo se extienden soberbios ante el sol trazando un nuevo y alternativo horizonte al cual viajamos las errantes almas incomprendidas de esta turbia sociedad.

    Bajan las temperaturas y con ellas se dispara el índice de ventas de chocolate, parece ser que ante una crisis melancólico depresiva los estúpidos humanoides sobrecargamos nuestros organismos a innecesarios lípidos hipercahlóricos.

    Niños sorbiendo mocos en la puerta de la escuela mientras esperan a sus queridas madres de revista, esas de pañuelo en cuello, gafas de sol y bolsos de Vuitton. Todos pelirrojos y con jerséis de reno al más estilo vintage, como los Weasleys. Pecas, lunares y Vogues por doquier a la salida del colegio. La perfección más impura existe en esos, prácticamente, dos minutos en los que la gran puerta metálica se cierra para no volver a abrir hasta el próximo lunes. Caras de felicidad, vasos de café desechables, cochecitos, cestas y bicicletas a 14 grados.

    Termómetros que suben ardiendo en el deseo de esas tardes en el viejo sofá-cama, bajo una manta agujereada viendo Los Puentes de Madison. Y vasos de Frenadol, y tropecientaos mil Ibuprofenos, y una vieja tele en blanco y negro, y los más maravillosos versos de Bécquer, y besos y abrazos bajo las infinitas capas de ropa. El vago recuerdo de esa enorme y congestionada nariz triangular que sola se extremecía al rozar mis pecosas y acaloradas mejillas sonrosadas.

    Compadezco y a la vez entiendo a esas mentes pensadoras que al llegar estas fechas son torturadas por su más profunda filosofía; yo, como ellas, me encuentro al borde del abismo, anhelando reventar a tiros mis sesos con un revolver y así desparramarlos por doquier condenando a esta turbia sociedad al dolor que, nosotros, día tras día nos vemos obligados a contener.

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  • Ácidos gemidos entre tonos pastel

    Ácidos gemidos entre tonos pastel.

    Hoy el sol se alza imponente

    nuevamente entre nuestras sabanas descoloridas.

    Cabellos enredados, dedos entrelazados, ojos en blanco,

    alientos que se confunden y fuegos artificiales en el apartamento.

    Vemos como nuestros cuerpos fluyen,

    uno junto a otro, con la finalidad de fusionarse.

    Sentimos la brisa veraniega que corre ligera entre las persianas

    y logra colarse hasta lo más hondo de la cocina

    atravesando sigilosamente nuestro picadero infernal.

    Mejillas sonrosadas, pies descalzos y labios carmesí

    poco te hizo falta para amarme locamente

    y poco necesitaste para desatar en mí esa tremenda pasión con regusto a mar.

    Juegos de adolescentes inexpertos

    o tal vez dos gatos en celo creyendo tocar el cielo con sus afiladas garras.

    Lo fuimos todo y ahora ya no queda nada.

    Ni juegos, ni mentiras, ni caricias acarameladas,

    ni miradas fulminantes de pasión,

    ya no queda ni tan solo el mero recuerdo de mis carcajadas,

    de tus muecas

    y de nuestros cuerpos desnudos tratando de encender ese cóctel molotov que,

    tanto tú como yo, llevamos en las venas.

  • Rugidos atenuados de una pasión infantil en maduros ojos miel

    El motor de tu coche en marcha esperando bajo mi portal, rugiendo ansiosamente a la espera del ruido que provocaban mis zapatos al bajar esos 36 escalones que me conducían hacia tí, hacia mi más extrema felicidad.

    Las risas de tus amigos entre jarras de cerveza, el humo de los cigarros que tanto te molestaba, los chistes malos que soltabas para llamar la atención, la filosofía de vida cuestionando nuestra existencia y nuestras miradas furtivas bajo la mesa del bar.

    La manera en la que me explicabas como servir cada cerveza de una manera determinada, el aroma, el color y el sabor. Espuma de cerveza de barril desparramada por doquier y risas tontas. Todavía recuerdo nuestras manos entrelazadas sirviendo cañas a todos los del bar “¡Hoy invita el jefe!” gritábamos al unísono. Momentos de pura euforia que las copas de más amenizaban con esas burbujas de colores que revoloteaban a nuestro alrededor.

    Una noche tras otra la misteriosa chica de tu bar fue adoptando otro carácter, un carácter tanto dulce y a la vez salvaje que te hacía extremecer. Las horas las pasábamos entre cañas y cervezas deluxe. Poco a poco a poco me iba acostumbrando a los dulces andares de un barman tras su vieja barra, danzando cual hoja seca al son del viento.

    Todo lo vivido, todo lo andado a tu lado y todo lo que compartimos se esfumó como esas profundas caladas de aire puro que le dábamos a la vida en ese viejo Tata rojo que no llegaba a los 100. Hoy no esperas bajo mi portal, las risas fueron silenciadas y nuestras manos no volverán a tocarse en mucho tiempo. Hoy se inicia una etapa en la cual la vida nos ansía ver separados, pero a Dios pongo por testigo que tarde o temprano volveremos a encontrarnos, volveremos a reír  retomaremos la vida allá donde la dejamos, siendo prácticamente niños comiendo golosinas.

  • La agridulce soledad de mi amigo autista

    Inspira. El tiempo pasa, las personas revoloteando a tu alrededor andan más y más deprisa, las manillas del reloj aumentan su ritmo y mientras, tú, sigues ahí parado. Expira. Rompe con esa viciosa rutina definida por absurdas partículas de tiempo que rigen tu vida, corta los hilos de esta marioneta, amigo, !córtalos! Sé libre, corre y desmárcate de ese rollo tan banal que no logró del todo atraparte.

    ¿Cómo es posible sentirse tan solo entre tan grandiosa multitud? Te preguntarás. Amigo mío, la respuesta está en tí. Tú eres diferente a esa masa homogénea de individuos que se olvidaron hace ya mucho tiempo de pensar. 7000 millones de personas y todas creen formar parte de algo importante, todos creemos en el bien común, en el estado de bienestar y en paparruchas varias que nos mantienen callados temporalmente.

    Recorrí todos y cada uno de los más remotos rincones de este mundo, conversé con los más grandes genios que este planeta jamás haya conocido, observé a todas y cada una de las personas que habitan este planeta y, ¿saben qué? Ninguna me demostró ser realmente feliz. Creemos en un colectivismo falso que nos bombardea día a día, vivimos una gran mentira que nos empeñamos en sostener cuál Atlas el titán.

    Eres especial, eres diferente, únete a mí y practiquemos la soledad. Seamos felices conversando con nosotros mismos, “autisticémonos” y saquémosle el verdadero meollo a la vida. Si esa panda de borregos quiere seguir creyendo que tan solo en masa son grandes, dejémosles vivir su gran mentira, porqué tú y yo, amigo mío nos dimos cuenta a tiempo y algo grande está por llegar, lo presiento.

    Dejémos que el sabor más agridulce de nuestra soledad azote nuestro paladar haciéndonos gozar cuán orgasmo. La vida es bella y relativamente corta como para hacernos sus dueños y dejarla pasar; toma mi mano y emprendamos el reto de ser aquellos autistas que se enamoraron de la vida, del ser y de la mente humanos, seamos filósofos narcisistas, sí. Vivamos la vida a todo tren.

  • Sintetizando los elementos que componen un cóctel molotov

    Te odio.

    Te odio por irrumpir en mi vida

    cuál rayo de esperanza,

    arrasando con todo lo que encontraste a tu paso.

    Te odio.

    Por tu estúpida manera de ver la vida tan similar a la mía;

    por esas tardes de filosofía y por esas lecciones sobre la vida misma

    que, amigo mío, tanto me hacían extremecer.

    Ojos cuál la miel,

    dientes de bronce,

    un cuerpo un tanto esquífido, sí,

    pero, ¿qué más da?

    Ideas de bombero.

    manos trabajadoras, llenas de callos,

    orejas… ¿qué decir de tus orejas si mi boca lo dijo todo sobre ellas sin apenas haber dicho nada?

    ¿Perfección? No.

    Simplemente eras la perfecta combinación entre bueno y malo,

    entre inteligencia e ingenuidad,

    entre las charlas de la madurez y los típicos juegos de la infancia.

    Un cóctel molotov de sentimientos,

    pasional y a la vez sentimental,

    rudo y débil,

    pobre pero a la vez tan rico.

    Como solía decir Loquillo,

    feo, fuerte y formal.

    ¿Te preguntaste alguna vez cómo es que las grandes personas suelen esconderse tras la barra de tu bar?

    ¿Tuviste nunca el valor suficiente para jugar con alguien como lo hiciste conmigo?

    Experimentamos el uno con el otro,

    jugamos a ser Zeus y no nos salió tan mal.

    Nos burlamos de la vida y volamos entre manillas de antiguos relojes

    violando los esquemas del paso del tiempo,

    la ley gravitatoria y tantas otras cosas.

    Quebrantamos límites inimaginables de las leyes metafísicas

    y llegamos a paraderos de carácter siberiano donde nos paramos a descansar.

    ¡Qué bello fue vivir!

    Pero si todo tiene un  límite y juntos desafiamos lo conocido

    de alguna manera debíamos pagarlo.

    El destierro de lo que fuera que teníamos tú y yo nos mantiene a la espera de nuevas experiencias,

    para así, en el momento de nuestro reencuentro,

    retomar la vida allá dónde la dejamos.

  • Cartografía sobre mí

    20 grados hacia el norte se encuentran situados esos ojos como soles,

    tres centímetros más abajo muerdo esa puntiaguda y esbelta nariz,

    si sigo en dirección norte a tan solo una pulgada

    me encuentro con tus finos labios casi de papel,

    todavía soy capaz de recordar esas perlas semi torcidas que se asomaban al sonreír.

    Y así milímetro a milímetro,

    centímetro a centímetro recorrimos nuestros cuerpos desnudos,

    fuimos alquimistas en busca del oro perdido entre mis piernas,

    grumetes inexpertos de agua dulce y estancada.

    Escalamos el uno sobre el otro,

    descubriste rincones remotos de mi cuerpo a los que ningún pionero fue capaz de llegar nunca,

    abriste heridas de un turbulento pasado,

    y yo, tonta de mí, accedí a que conocieras mejor esta mente solitaria.

    Te burlaste de todo y me ayudaste a olvidar,

    fuiste mi veneno, mi droga,

    pura amoxicilina dentro de mí.

    Lo que tú hiciste en mí recibe el nombre de arte.

    Dibujaste en mí una sonrisa con la curvatura perfecta jamás conocida,

    afinaste todos i cada uno de mis anexos para luego tocar esa orgásmica melodía celestial,

    esculpiste en mí todas aquellas impurezas que al divino creador se le pasaron por alto.

    Jugaste a ser Dios,

    jugaste a ser artista

    y yo me dejé llevar por tus caricias,

    jugué a ser tu musa, tu nimfa,

    jugué a ser tuya.

    Hiciste cartografía en mí,

    ascendiste con ello a capitán de mis sentimientos

    y cambiaste el rumbo de mi nave bruscamente.

    Te cargaste el timón y rasgaste las velas,

    ahora floto a la deriva como un viejo lobo de mar en sus últimas horas de vida,

    ¿qué será de mí sin tí ahora?

    Reflotaré esta nave,

    saldré en tu busca.

    Usaré esos viejos mapas y aplicaré l oque aprendí de tí,

    si te funcionó a mí no me puede tan ir mal.

  • Noches de tormenta, mañanas que huelen a pasado. Un lunes con resaca de tí.

    El sol,

    entra descarado por las ranuras de mi verde persiana.

    El viento,

    acaricia suavemente mi ser.

    Beethoven,

    azota levemente mi pelo,

    suelto y un tanto seco por la mar salada.

    Hoy todo lo que fue

    y todo lo que pudo haber sido

    se acerca a mí

    como un meteorito ,

    un meteorito destructor,

    con ansia

    y con fuerza suficientes

    como para destrozar un sistema entero a su paso.

    La ciudad,

    poco a poco, despierta.

    El tenue murmullo que provocan los coches al arrancar

    se mezcla con el redoble de tambores.

    Beethoven suena.

    El humo de un cigarro encendido

    dibuja en el aire un semblante que me es conocido.

    Hoy la tramontana sopla con fuerza.

    El olor a hinojo,

    la espuma de las olas, y la arena,

    entre los dedos de mis pies…

    Un escalofrío,

    recorre mi cuerpo

    erizando lenta y cuidadosamente mi piel.

    Desnuda me planto

    en ése balcón modernista

    donde suelo ir a fumar

    en las noches de tristeza y melancolía,

    cuando tu recuerdo me impide el sueño.

    Ahora, la luz

    y el calor del Sol,

    me atrapan de lleno

    en un baile de tonos cálidos

    y el intenso aroma de las rosas,

    que punzantes y bellas

    lucen más radiantes que nunca

    vestidas con ese rocío mañanero,

    tan cristalino,

    tan delicado,

    tan tuyo,

    tan peculiar.

    El viento me acaricia lentamente,

    ya no es viento, ahora es la brisa veraniega

    que, tímidamente, abre los ojos

    como cuando una adolescente

    recibe un beso en un portal.

    Primero, las caderas,

    más tarde, la cintura,

    luego, los senos;

    y así, hasta llegarme al cuello.

    Me extremezco en un escalofrío,

    fruto de la pasión.

    Me suelto el pelo,

    cierro los ojos,

    y entonces,

    apareces tú.

    Tan dulce,

    tan inocente,

    tan risueño como siempre.

    Te recuerdo

    como te dejé,

    como me dejaste,

    como nos dejamos.

    Hacía tiempo que el viento no soplaba,

    hacía tiempo que la lluvia no me despertaba en plena madrugada.

    Hacía tiempo,

    mi querido amigo,

    que la tramontana no me traía nuevas tuyas.image

  • ¡Piedad a ésos pobres insensatos!

    A aquellos a los que,

    con una simple mirada,

    fueron lenta, y dolorosamente,

    devorados por la bestia.

    Pobres insensatos.

    Misericordia rogáis

    a la vez que el falso llanto

    agraváis.

    Daros cuenta que

    piedad ante vuestra merced

    no va a tener.

    Pobres insensatos.

    Bocado a bocado

    hará suyos sueños e ilusiones,

    recuerdos, que por siempre,

    perdurarán en el oscuro gaznate de la repugnante,

    la oscura y la cruel bestia que habita en todos

    y cada uno de vosotros.

    Porqué, efectivamente,

    vosotros tendisteis vuestra propia trampa.

    Trampa que tejisteis

    a cada paso en falso que disteis en vuestra miserable vida.

    Pobres insensatos.

    Al estremecedor grito de misericordia

    clamáis piedad,

    ¿no veis el mal que esas manos,

    sucias de sangre y corruptas por el tiempo,

    han causado?

    ¿Acaso esperáis algún tipo de recompensa?

    Pobres insensatos.

    ¡Corred mis preciados polluelos!

    Corred ahora que tenéis oportunidad,

    ahora que la vida, todavía,

    se apiada de unos seres tales como vosotros.

    Pobres insensatos,

    creen ser más listos que la vida misma,

    la torean y se burlan de ella

    sin ser conscientes de lo profunda que están cavando su tumba.

    Ella avanza lenta

    y cautelosamente,

    arrasando con cada sueño,

    con cada ilusión,

    con todo ignorante que encuentra a su paso.

    Regurgita a niños y mujeres,

    inocentes, hijos de la grandísima puta

    y ancianos también;

    y lo hace sin compasión ni miramiento.

    Ninguno de los vulgares seres que habitan estas tierras

    ha logrado escapar de las atrocidades de la bestia.

    Muchos se volvieron autistas,

    puteros, drogadictos, o incluso más hijos de puta;

    pero a todos nos llega el día en el cual somos devorados,

    regurgitados y humillados por esa criatura,

    que como a energumenos nos da trato.

    ¡Pobres aquellos que descarados osen vacilar a la bestia!

    Muerte y sepultura a las ilusiones de esos pobres insensatos

    vulgarmente conocidos como soñadores.

  • No totes les franceses vesteixen Saint Laurents

    El mirall reflexa

    la més vomitiva imatge,

    de mi.

    Les llàgrimes,

    han esborrat el negre rímel

    que, a diari,

    emmascara el meu trist semblant.

    El vòmit, i els seus corrosius àcids,

    difuminen el vermell carmesí

    d’un vell i desgastat Chanel.

    I de sobte tot esclata;

    canells sagnants,

    vidres trencats

    i la brusa blanca de la mare,

    estripada.

    El típic fred del novembre m’abraça,

    estic sola,

    foto oi.

    Surto sola a la terrassa,

    a veure els cotxes passar.

    M’encenc un cigarret,

    un rere l’altre.

    El cafè aiguat

    que segons anteriors

    dansava dins una cafetera italiana,

    s’ha refredat;

    les partícules ja no ballen,

    no canten

    i, esmorteïdes,

    es disposen a ser engolides,

    amb desgana,

    per una neuròtica més.

    El surrealisme que m’envolta

    en aquesta ciutat

    és purament vomitiu.

    Saint Laurents vesteixen de seda

    a les més hipòcrites

    i estirades de les mones.

    Zum-zum de vespes,

    mocadors i cabells

    esvalotats  amb el vent que els ve de cara.

    Carrers obscurs i humits

    són testimonis  de com

    homes i dones

    perverteixen,

    cada nit,

    les seves ments innocents.

    París crema en desig.

    Els diaris mostren

    la terrible cara, d’un món

    paral·lel al seu.

    Aquí,

    les prostitutes filosofen

    als cantons;

    i entre calada i calada

    als seus infinits Malboros,

    venen la seva carn.

    Petons d’amor lèsbic desenfrenat.

    Pornografia i crack als bars.

    Cambrer, un cafè ben carregat!

    Cambrer, una d’atenció!

    I és que en aquesta ciutat de merda

    tan sols ven la purpurina.

    Les dones no riuen,

    els nens no xisclen,

    tan sols orgasmes dolorosos

    i plors d’agonia trenquen el silenci

    que tan sols els cotxes es dignen a omplir.

    Ni corisants, ni faldilles de colors;

    aquí, a París, no totes les dones van amb talons,

    no totes les històries d’amor

    tenen un final feliç.

    no totes les vespes

    fan aquell zum-zum,

    no tots els ocells

    canten al matí,

    mentre els marits

    beuen cafè a les terrasses

    i els primers diaris els recorden

    Que la perfecció no existeix.

  • Un batiburrillo de ideas varias azota mi cabeza cual huracán. Qué desgracia la mía poder escribir tan claro y hablar abstracto. Siento como las cosas se complican y mi mente se ausenta. Poco a poco me voy alejando de la cruda realidad, la evasión y la libertad llenan ese vacío que dejaste en mí, pero todavía me arrepiento. Fui tonta, lo sé, pero no puedes exigirle a una mujer que escribe que hable de sus sentimientos, simplemente no podrá. Tantas cosas querrá decirte y ninguna con un sentido completo, lo tiene claro, pero no está segura.

  • El exceso sideral del scottish whisky a doce libras esterlinas

    La fría humedad, el viento y la lluvia escoceses azotaban fuertemente mi falda a cuadros durante ese tramo que realizamos a cien por hora dirigiéndonos, sigilosa y decididamente, hacia la libertad entre whiskey barato, gaiteros poetas y pirados poetas-gaiteros en un pub alejado de la mano de Dios. En el baño dos borrachos confundidos por el hecho de llevar falda contemplaban los anagramas planteándose su omnisexualidad. Esa noche nos pasamos y no condujimos hacia el paradero del género literario más seductor, esa noche no hubo sábanas blancas manchadas de tierra, de hierba y tampoco salpicadas de pasión.

    En una solitaria y fría carretera mi coche averiado y al son de The Animals un viejo vespino a su máxima velocidad venía a recoger a la princesa de la falda cuadriculada, libres de ropa interior y sedientos de libertad volamos hacia un pueblo de cuyo nombre no logro acordarme. Alborotamos las viejas gallinas de un campesino enfurecido y zumbando entre la multitud volvimos a ese antro que noches atrás nos vio dormir como perros.

    Los pies descalzos sobre la tierra mojada, mi lencería tendida en ese piso a las afueras de New Abbey y esa sonrisa gilipollas. Los gaiteros hoy suenan tristes al ver como nuestros caminos se bifurcan en la nada. Niebla y lluvia arropan ese hippie escocés que por amor, sexo o mera diversión me mostró la parte más viva de la Escocia profunda, y lo que es más importante, mi verdadero yo.

    Ese viejo vespino y mi Cadillac amarillo siguen recorriendo los montes, las llanuras y los más insólitos rincones escoceses en busca de otros fantasmas a los que complacer. Sedientos de amor, de Whiskey barato y de un soplo de aire puro.

    Durante una semana Escocia fue mi droga, mi oxígeno y mi perdición. Simplemente tonta porqué sí.

  • Carta al 85374

    Encara recordo el vermell d’un fluïd sanguini que no parava de brollar, unes cames esquífides i el meu reflex a les tisores de la mare. L’histèria i la por poc a poc s’anaven apoderant del meu seny, amordaçant-lo sota un exèrcit de tambors que anunciava el terrible esdeveniment. 
    I com una gran tempesta tot es capgirà. Les onades de sentiments es barrejaven amb la poca moral que encara xiuxiuejava misericòrdia i els meus cabells s’embullaren amb la realitat. Ja era massa tard per rectificar l’error que em portà de nou a l’abisme més alt, esquerp i profund amb el que mai en ma vida m’havia topat.
    És increible com la vida d’una persona batzega amunt, avall, de dreta a esquerra i contra tot el que es troba en aquestes situacions. Mai he gosat presumir de les meves qualitats, simplement perquè la seva mancança em faria parèixer hipòcrita. Des de ben menuda els meus pares m’ensenyaren a ser forta i a lluir el somriure més bonic que mai ningú no hauria vist en sa vida. Contràriament a ells, l’obscura, freda i térbola societat que m’envolta em féu vulnerable, tímida, a estones malvada i sempre innocent.
    Ja feia milions d’anys que vivia entre somnis calumniosos de gent pudenta, esquífida i asquerosa, em sentia vella, lletja, bruta, avorrida i alhora cansada de la meva sàtira constant. Però vaig aprendre d’ells, i la meva hipocresia, la meva tafaneria i les meves gelosies em tornaren una dona ben extranya.
    El meu cos solia fer embogir a tota mena d’homes, tant alts, com baixos, adinerats i d’altres més pobres, jovenets encara inexperts en l’amor i grans mascles amb la sed d’un tigre ferotge. El meu afany de passions desenfrenades culminades amb la més extrema i absoluta de les bogeries capitals era insaciable. Foren molts els homes que acaronaren una esquena pàl·lida, foren molts els que embogien tan sols amb la flaire a Femme Fatale que desprenia mentre caminava altivament per unes rambles grises i adormides, foren tants els homes que s’aferraren als llençols brodats de la mare i tan pocs els que s’hi quedaren.
    Vivia com una joveneta de la meva edat havia somiat fer-ho des de la seva primera fantasia sexual. Era per moltes dones un model de pantera seductora al qui admirar, però el temps corre al galop dels sementals més braus que mai la humanitat hagi pogut conéixer. La negra cabellera es transformà en un punyat de cabells blancs, talment una escombra desgastada. Les meves galtes, vermelles quals roses primaverenques, s’empal·lidiren per sempre apagant un rostre ja vell i arrugat. En un tres i no res joventut i bellesa s’esfumaren per sempre, deixant al seu pas una joventut rebel i esbojarrada de la qual no en vaig treure cap altre fruit que tres nens bastards i disset avortamnets naturals.
    Encara enyoro el ritme del frènesi al meu batec, però avui la sang d’aquelles venes encara em fa trontollar. I encara hi penso; si mai no hagéssis marxat, si mai m’haguéssis abandonat, si mai de la vida el plaer que em donaves hagés estat fruit d’una mentida tan gran, tal vegada m’hagués pogut salvar de la inevitable por d’estar sola.
    Avui aquells tambors accelerats encara ressonen al meu cor. Amor meu, no sabràs mai quant t’he estimat.
    Femme Fatale